La vida la vivo por cuatro pasiones, simples, pero abrumadoramente fuertes y son las que gobiernan mi vida: el ansia del amor, la búsqueda del conocimiento, la musica y una insoportable piedad por el sufrimiento de la humanidad. Estas pasiones me arrastran de un sitio a otro, en un áspero curso, sobre un profundo oceano de angustia. Busco el amor porque brinda éxtasis. Lo busco además porque libera de la soledad, esa terrible soledad en que la conciencia temblorosa mira por sobre el borde del mundo al frio e insondable abismo de la muerte. Lo busco porque en la union del amor he visto, en una miniatura mistica la visión prefigurada del cielo que los santos, musicos y poetas han imaginado. Con igual pasión busco el conocimiento, pero no aquel que le quita el encanto a la vida sino simplemente deseo entender el corazón de los hombres. Busco la música, que es el orgasmo más grande que existe, me permite soñar y vivir. El amor, el conocimiento y la música, en medida, llegan a ser posibles, me llevan hacia los cielos, pero siempre la compasión me devolvio a la tierra. Los ecos del dolor reverberan mi corazón. Deseo aliviar el mal, pero nunca lo haré completamente y eso me hace sufrir.